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La neuroplasticidad, o cómo adaptar nuestra mente a un cambio laboral

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La neuroplasticidad, o cómo adaptar nuestra mente a un cambio laboral

Neuroplasticidad tenemos todos, pero no en la misma medida

La neuroplasticidad es la capacidad que tiene nuestro cerebro para adaptarse a los cambios que se producen en nuestra vida y día a día. Podríamos decir que es como una capacidad que todos tenemos, aunque no en la misma medida. Es una habilidad que puede aprenderse y mejorar si mantenemos nuestra cabeza activa y una actitud positiva ante los cambios, viéndolos como una nueva oportunidad y no como un revés.

El verano es una época muy propicia para desarrollarla, pues los días más largos, las jornadas intensivas, las escapadas al aire libre y las vacaciones rompen con la rutina habitual en la que se haya sumida nuestra mente, potenciando la posibilidad de mejorar nuestra neuroplasticidad.

La neuroplasticidad, o cómo adaptar nuestra mente a un cambio laboral

Hábitos por el cambio

Esta capacidad es también la que nos puede allanar el camino de cara a adaptar nuestra mente a un cambio laboral o, incluso, un cambio de sector y función.

Lo primero que nos puede ayudar a potenciar nuestra neuroplasticidad es romper con la rutina. La seguridad que nos ofrece realizar aquello que solemos hacer desde tiempos inmemoriales, que hacemos de un modo casi automático, adormece esta parte de nuestro cerebro y hace que cualquier nuevo planteamiento sea percibido, a priori, como una molestia o un esfuerzo. Salir de nuestra zona de confort no siempre es fácil, pero el verano es una fecha idónea para poder hacerlo sin percibirlo como un ‘sacrificio’. Este ‘reseteado’ nos ayudará a percibir otros ámbitos de nuestra vida de un modo más positivo y alentador.

En segundo lugar, por supuesto aprovechando el verano, es viajar. Viajar no solo nos enseña la cultura, arquitectura y vida de otras sociedades y ciudades, sino que también nos aporta una nueva perspectiva de nosotros mismos y de cómo vivimos. Lo que algunos llaman ‘abrir los ojos’ no es otra cosa que el aumento de nuestra neuroplasticidad. 

Este aprendizaje, que nuestra mente puede utilizar a posteriori en cualquier ámbito de nuestra vida, también se ve nutrido de las relaciones, encuentros y conversaciones con los demás. Cuando te apuntas a un curso, ya sea por necesidad o por apetencia, no solo recibes un conocimiento, sino que forjas unos vínculos con los otros alumnos, te nutres de sus experiencias y enriqueces tu mente con sus formas de atajar situaciones. Estos estímulos sociales se ven acompañados, por supuesto, de otros intelectuales, como puede ocurrir cuando lees un libro, ves una serie o película o te diviertes con el nuevo capítulo de tu talent show favorito.

Mens sana, corpore sano

Por último, un estilo de vida saludable es beneficioso, no solo para tu neuroplasticidad, sino desde un punto de vista integral. Sentirse bien por dentro y por fuera, sin estrés, permite que tu mente pueda liberarse y analizar cambios desde una perspectiva más positiva, alejada del ‘mundanal ruido’.

Afrontar un cambio laboral o de sector, con la mente entrenada y abierta a recibir esos cambios, es como estar frente a una nueva puerta, y no de cara a la que se cerró -o cerramos-.

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